Se viene
el estallido, pero fue bien anunciado…
El
Programa Estado de la Nación, evalúa cada año, desde hace 23 años,
los principales indicadores económicos, sociales, políticos y ambientales del
país. El objetivo es sencillo: “conocer
la Costa Rica que tenemos y pensar la Costa Rica que queremos”.
Las discusiones del déficit fiscal y el
incremento de la deuda encienden las alarmas, con justa razón. Lo inaceptable
es que un grupo de la clase política y gobernante de los últimos quince años,
diga que no es culpa de ellos, sino, del otro que estuvo antes o después…
Como dice la canción de un conocido
grupo argentino “se viene el estallido…
de tu gobierno…” en materia fiscal y de endeudamiento. El anuncio del
Presidente Solís esta semana lo confirma. Quienes reaccionan por sorpresa de
que ocurra, saben nada o muy poco de los asuntos públicos.
Hice un brevísimo extracto de algunos hallazgos de los Informe Estado de la Nación desde
el 2010. Esta es la crónica de una muerte anunciada…
Con los datos del año 2010, el Informe XVI del PEN dijo que: la recuperación económica de 2010 fue
moderada (el PIB creció un 4,2% y el consumo privado un 3,4%) pero frágil. Continuó el deterioro de las finanzas públicas.
El déficit fiscal del Gobierno Central pasó de 3,4% del PIB en 2009, a 5,2% en
2010. Esta situación es el resultado combinado de una lenta recuperación de
la recaudación (7,0%) y un importante aumento de los gastos (26,8%), en especial
de aquellos que históricamente presentan una dinámica inercial de crecimiento.
Es decir, un aumento del déficit de casi dos puntos porcentuales del PIB en
dos años. Ocurrió con la participación de dos gobiernos distintos, aunque del
mismo partido.
Esta recuperación fue, además,
desigual. Si bien todos los sectores económicos tuvieron resultados positivos –excepto
la construcción-, la generación de empleos
no mejoró de manera significativa y se concentró en el sector exportador y
los nuevos servicios, que no son los principales empleadores; paralelamente, no hubo estímulos adecuados en áreas estratégicas
de la producción, intensivas en mano de obra, que dan trabajo a importantes
segmentos de la población.
Con los datos del año 2011, el Informe XVII del PEN, dijo: para
atender el desequilibrio fiscal del Gobierno Central y financiero de las
empresas públicas se ha tenido que recurrir
al endeudamiento, lo que a su vez ha generado nuevas presiones y ha
incrementado tanto el riesgo-país como la vulnerabilidad de la estabilidad externa.
El seguimiento de la deuda pública es
un indicador fundamental para evaluar la sostenibilidad de las finanzas
estatales, ya que, conforme aumenta la deuda, el Gobierno pierde grados de
libertad en el uso de sus recursos, lo que limita su capacidad para ofrecer los
bienes y servicios requeridos por la sociedad.
El
crecimiento de la deuda del sector público ha llegado a generar preocupación, por
el riesgo que supone para la sostenibilidad y la solvencia económicas. La relación deuda/PIB, luego de
registrar un fuerte ajuste a la baja entre 2004 y 2008, mostró un crecimiento anual
promedio del 4% en los últimos tres años. De mantenerse la tendencia, esta relación,
que se situó en 44,6% en el 2011,
llegaría al 50% al cierre del 2014, y ya para el 2019 superaría el máximo de 60% alcanzado en 2003 (“ya
pasamos por donde asustan”).
Con los datos del año 2011, el Informe XVII del PEN, dijo: el
deterioro fiscal vulnera la solvencia del Estado. La evolución de los gastos está
desvinculada del crecimiento del PIB y los ingresos se recuperan a paso lento. El país sigue sin aprobar reformas fiscales
para resolver el problema.
La política fiscal recurrió al
endeudamiento interno y externo para financiar los gastos corrientes del
Gobierno. En 2012 la deuda pública total
aumentó seis puntos porcentuales y representó el 51,2% del PIB (pasamos el
límite “permitido” del 50%, dos años antes de lo proyectado).
Finalmente, (hay muchos datos más para
cada año, pero pasé al último Informe PEN publicado) con los datos más recientes para el 2015 e inicios
del 2016, el Informe XXII del PEN dijo: la economía costarricense
mantiene un crecimiento moderado, que en 2015 alcanzó un 3,7%. Este resultado
contrasta con una tasa de desempleo superior al 9% (problema anunciado años
atrás). El país necesita mayores y sostenidos niveles de crecimiento para lograr
mejoras en las oportunidades laborales para las personas.
Se agudiza el desbalance financiero del
Gobierno Central. Desde 2009 el país no
tiene ingresos suficientes para cubrir sus gastos primarios. Esta situación
hizo que el déficit fiscal alcanzara un
5,9% del PIB en 2015, el valor más alto de los últimos treinta años.
El mayor déficit fiscal de la economía costarricense
ha generado mayores necesidades de financiamiento. Entre 2010 y 2015, la deuda del Gobierno Central pasó de 28% a 42% del
PIB. En ese período el aumento se dio sobre todo en el endeudamiento
externo, que casi se duplicó, al pasar de 6% a 10% del PIB. Actualmente, el
nivel de endeudamiento del Gobierno se
mantiene cerca del límite sostenible para economías emergentes: 50% del PIB
(FMI, 2016). Una deuda creciente y cercana a este umbral crítico es un
escenario de riesgo para la sostenibilidad fiscal.
Entre 2009 y 2015, su crecimiento
promedio como proporción del PIB fue de 2,6 puntos porcentuales por año. El FMI proyecta que en 2021 la deuda llegará a un 69,1% del PIB, casi veinte
puntos porcentuales por encima del nivel crítico. Para reducir el desbalance financiero
del Gobierno Central se requiere eliminar el déficit primario y además lograr
un superávit que compense la expansión de la deuda, lo cual implica en total un
ajuste de 3,8% del PIB. Con ello se alcanzaría un endeudamiento de 46% del PIB
en el 2021.
El problema es que Costa Rica no ha realizado un ajuste fiscal significativo en los últimos
treinta años.
Este gobierno también tiene cuotas de
responsabilidad, pues pasó dos años diciendo que no era necesaria una reforma
fiscal. Los datos parecieran no darle la razón. Además, incrementó el Presupuesto
de la República de manera significativa, generando más presiones sobre el déficit.
Sin embargo, lo menos importante cuando
se está metiendo el agua al barco, es encontrar culpables. La lógica indica que
todos deben unirse y tapar lo más pronto el hueco, y navegar a puerto seguro
para reparar la estructura completa del barco. Pero en política, desgraciadamente,
siempre hay quienes disfrutan cuando algunos se ahogan…
Ojalá este no sea el caso, de lo
contrario “se viene el estallido… de tu gobierno también”.
Steffan Gómez Campos
1 comentario:
Como en una escena surrealista, nadie cede en nada, se recurre a meter la cabeza en el hoyo de los dogmas y cada grupo interesado expone su versión de la situación pero sin aflojar nada.
Un indicador de cómo andan estos grupos en su disposición a ceder en algo es el episodio de la destitución de la presidenta de la CCSS ante el solo apoyo al aumento de 1 por ciento en las cotizaciones para el IVM recomendado por un estudio actuarial serio hecho por la UCR. Dócilmente el gobierno cedió y la lección que le quedó a los ciudadanos es que es mejor no ser responsable como lo fue esa funcionaria y que siga la fiesta.
Pero el tiempo nos pasará la factura a todos sin excepción y los que no quisieron hacer sacrificios,quizás no tan grandes como los que vendrán por la catástrofe que nos amenaza seguiran con las mismas actitudes, que no son otra cosa que egoismo, aunque paradójicamente pasan el tiempo hablando de solidaridad social.
Nos queda el consuelo a quienes no comulgamos con esas actitudes de que estamos desde ya vacunados contra la tentación de elegir gobiernos populistas como alternativa de cambio, ante el fracaso de los politicos actuales.
Guardemonos de caer en eso. Muy cerca tenemos el ejemplo de las camarillas que gobiernan con la arbitrariedad, predicando el odio y destrozando la economía de sus pobres paises.
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